martes, 31 de diciembre de 2013

La mariposa




Una mariposa blanca y negra
apareció entre mis libros
una tarde
queriendo retenerla 
más tiempo a mi lado
le hice una jaula en clave de sol
para que se quedara en ella
confortable y quieta
y poder sorprender
a los amantes de la música
a los amantes de las jaulas
a los amantes de las mariposas
con su belleza espléndida.
Le encontré también
para poder anidar
la partitura de una canción
del este de la vieja  Europa.
No fueron sin embargo
ni la partitura,
ni la clave de sol
razón suficiente para convencerla
ella rehusaba acomodarse
en la  jaula musical
y prefería pasar el tiempo volando
entre los objetos de mi soledad
un jarrón no muy grande
con una flor seca, un taladrador,
un par de facturas pendientes de pago,
diccionarios, libros,  cuadernos,
gomas y lápices usados,
algunas viejas fotos
y un nido de golondrina
que también rechazó ..

De cuando en cuando
yo la miraba volar
incluso la ignoraba  
un poco de costado
por no haberse dejado
atesorar
y  el  mirar su vuelo
y su quietud
trajo  a mi memoria
otra  mariposa -negra-
que en un tiempo pasado
vino a visitarme
en una habitación como  esta
.. entonces recordé
que nunca quise  consagrarme
a hacer jaulas de oro en clave de sol
ni a satisfacer a los amantes
de atrapar la belleza

He de sopesar, por tanto
si el afán de retroceso
multiplicado por la voluntad
de alzar el vuelo
dividido por 365 días completos
con sus tormentas y vientos,
pueden dar lugar a un bosque
razonablemente habitable
para una  mariposa
y sus consecuencias


                                   Gema Durán


lunes, 23 de diciembre de 2013

Los días olvidados




¿Dónde  guardan
los días olvidados
 sus dudas y  certezas?
lo que abrazábamos
lo que rechazábamos
o quisimos esconder
¿no está  ya para siempre
escrito en nuestros huesos?
Lo que queda de nosotros
después de lo que fuimos ..
¿no irrumpe
 en cada respiración
como  un viento de tiempo
como el  vaivén
de una ola tras otra ola,
como un eco incesante?

Las vivencias  
-que resisten en el olvido-
¿no son  de la vida,
un crecer que persigue  darse a luz?
una raíz que ahonda?
un sí que no cesa?

        Gema Durán

miércoles, 4 de diciembre de 2013



Girabas en tu mundo
de piedra  y viento,
en la mesura de saberte
rodeado de  horizonte

Como nube pasajera
en  vuelo  de  gaviota
no trajiste  agua dulce a mi sed
sino sal viva
y en la noche en que
atravesaba la oscuridad estrellada
para encontrarte,
un viaje a ninguna parte

                  Gema Durán

sábado, 23 de noviembre de 2013

Yo no sé



Un inmenso techo gris 
cubre la tarde 
como si el universo
hubiera  traspasado el cielo
de esta casa nuestra
y abrazara la ciudad
¿donde el azul
que ayer nos amparaba?
Miro
el árbol desnudo
que despliega  hacia lo alto
todas a una sus ramas negras
tan bellas, tan llenas
de vibrante oscuridad
y el negro espejo del río
en que cae la tarde
y los semáforos rojos
que cuelgan de los árboles
como frutos de invierno
y de mirar 
no me canso y no sé
realmente yo no sé
y si supiera
sería mi saber tal vez ofensa
en este paisaje oscuro
de tan lejano hogar
cumplida presencia



                   Gema Durán

martes, 5 de noviembre de 2013

Tiempo perdido.



Tras  la cortina transparente
de aquella ventana
transcurre  un tiempo perdido
que un  certero rayo de sol
que nadie apura
acaricia  de soslayo
nombrando con su luz 
la esquina que da al mar,
al mar que bate en las rocas
y  rumorea  cuanto pueda ser dicho
-de la gota a la ola-
por el agua y su sal
antes de retroceder
al silencio
y dejar tiempo al paso de una nube
-con su estela de viento-
al de un anciano tenazmente agarrado
a sí mismo
al de una paloma  en vuelo
que se aleja  de  aquella  ventana 
donde transcurre un tiempo perdido
al que nadie responde.

                                Gema Durán









martes, 1 de octubre de 2013

Poema sin título




SIN TITULO


Atrás queda
en estancias selladas
con nombres incompletos
cada uno con su promesa rota
su tristeza
su luna de plata
el olvido
junto a algunos mapas
de  lugares donde aún 
no siendo cierta
quise aprender a quedarme 
por saberme  tan lejos

Ahora te llamo
de un modo distinto
en una  forma
que no tiene  casa
ni  razón
ni raíz primera.
Sin decir ven
te veo viniendo con la vida
que te trae
y como viajero que atravesara
el desierto en esta sed
de darse en fruto
pedir un amor amplio
que le acoja

                                  Gema Durán
                              

jueves, 12 de septiembre de 2013

Mapa de un día cualquiera.





Sentirse vivo no parece, a veces, asunto complicado: Darse cuenta al despertar, antes de abrir los ojos, de que un nuevo día se está desplegando, en este instante preciso, tras el horizonte de los párpados. Desperezarse para saludarlo; una ducha; un desayuno tranquilo con un buen café, un rodaja de melón, una rebanada de pan verdadero -algo oscuro, algo denso-, con su miel. Dar un paseo sin apresurarse, ni saber, entre callejas; descubrir rincones que otros cuidan y hacen crecer y renacer del olvido. Sentir la brisa fresca, oler el mar - hoy un tranquilo plato de plata-, que sacude suavemente, con su aroma esencial de oscuras algas, cuanto no está en el tapiz del día, diciendo: polvo eres, polvo eres. Oler el otoño que se acerca distraído hacia septiembre, atraído por la luz, que en su resaca,  añora días más cortos. O a media mañana, dejarse llevar por la música de J. J. Cale; por el ritmo de viaje tranquilo de sus canciones. Pintar, mientras tanto, la barandilla de la ventana de la escalera -donde viven las orquídeas- para protegerla del invierno que vendrá, y por la que se escapa el fragante olor a cocido gallego, que nos comeremos hoy -ese perfume a casa ancestral del que conviene no abusar-. 

La felicidad tal vez se parezca a esta alegría apenas perceptible, que no hay siquiera que expresar y que nos colma y se derrama en el mirar y estar sin causa; a este sentirse, sencillamente, cauce de un transcurrir que no cesa ni se detiene en lo sabido, y que nada pretende, sino su transparencia, sino traer la vida a su casa, que es esta.